
Esta mañana, Miguel del primero que se ha acordado es de mi. Le ha preguntado a mi dueño si me había bajado (el cabrón me dejó ayer todo el día sin mear, ¿Qué haría él sin poder mear todo el día? Yo le respeto que si no, se lo hago al lado del sillón para que no se le vaya el olor en todo el día). Es un cielo, mi dueño lo sabe y yo lo sé. Es muy cariñoso conmigo, siempre preocupándose si estoy bien o estoy mal, me llena de atenciones y sobre todo, se interesa de que mi dueño se preocupe por mí. Él sabe que le tengo mucho cariño y mi dueño le adora.
Como mero observador, siempre noto que acaban discutiendo (bueno, más que discutir, mosquearse), por los mismos asuntos. Asuntos del pasado. El pasado es algo que siempre mosquea a las parejas. Es ese pequeño celo de, ¿Se lo pasaría mejor en la cama con el anterior?, ¿Se divertiría más?, ¿Compartirían más cosas?, ¿Le quería más que a mi?, ¿Era más guapo que yo? Siempre lo hemos pensado, siempre hemos tenido ese pequeño interés por saber del pasado. Y cuando sabemos, nos enfadamos. Porque buscamos la forma que nos diga algo, que nos suelte alguna información privilegiada… “¿De qué conoces a ese que has saludado?”, “Anda… seguro que ha habido algo más” “Este te escribe mucho en el Facebook, ¿Quién es?” “¿Quién es este de la foto?”
El pasado es importante conservarlo, pero en el cajón de la experiencia. Nos tiene que servir para no cometer los mismos errores, pero teniendo en cuenta que cada pareja es una nueva historia y una persona distinta a la anterior. Además, veo que Miguel para mi dueño es algo muy especial, algo que no quiere perder de ninguna de las maneras y por quién está dispuesto a luchar hasta dejarse el último gramo de energía. El pasado no podrá con ellos, no debe formar parte del presente y mucho menos del futuro y más, cuando el pasado de ambos dos, uno lo he vivido yo de cerca, ha sido algo chungo. Espero verme pronto con pajarita acompañándolos en su unión matrimonial. Ojala dieran el paso. Ganas no faltan.
Como mero observador, siempre noto que acaban discutiendo (bueno, más que discutir, mosquearse), por los mismos asuntos. Asuntos del pasado. El pasado es algo que siempre mosquea a las parejas. Es ese pequeño celo de, ¿Se lo pasaría mejor en la cama con el anterior?, ¿Se divertiría más?, ¿Compartirían más cosas?, ¿Le quería más que a mi?, ¿Era más guapo que yo? Siempre lo hemos pensado, siempre hemos tenido ese pequeño interés por saber del pasado. Y cuando sabemos, nos enfadamos. Porque buscamos la forma que nos diga algo, que nos suelte alguna información privilegiada… “¿De qué conoces a ese que has saludado?”, “Anda… seguro que ha habido algo más” “Este te escribe mucho en el Facebook, ¿Quién es?” “¿Quién es este de la foto?”
El pasado es importante conservarlo, pero en el cajón de la experiencia. Nos tiene que servir para no cometer los mismos errores, pero teniendo en cuenta que cada pareja es una nueva historia y una persona distinta a la anterior. Además, veo que Miguel para mi dueño es algo muy especial, algo que no quiere perder de ninguna de las maneras y por quién está dispuesto a luchar hasta dejarse el último gramo de energía. El pasado no podrá con ellos, no debe formar parte del presente y mucho menos del futuro y más, cuando el pasado de ambos dos, uno lo he vivido yo de cerca, ha sido algo chungo. Espero verme pronto con pajarita acompañándolos en su unión matrimonial. Ojala dieran el paso. Ganas no faltan.
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