lunes, 9 de noviembre de 2009

LOS PARTIDOS POLITICOS DE UNOS CUANTOS



Son varios los días que llevo dándole vueltas a como enfocar este artículo. No quiero que suene a una especie de venganza ante los acontecimientos que he vivido durante mi corta pero apasionante andadura política; me gustaría que fuera una evocación a la realidad de lo que hoy en día son organizaciones que reciben importantes cantidades de dinero público y, que según mi propia experiencia, dichos fondos son gestionados por personas con poca o nula experiencia. Durante un tiempo he trabajado en la empresa privada y he cooperado como militante en una organización política. Existen claras diferencias entre los dos ámbitos. En uno se lucha por la profesionalidad y la eficacia del individuo; en el otro, y siempre contando mi experiencia, la única valía es el seguidismo al lider, la falta de autocrítica y ser la mejor imagen de cara a la gente.

La imagen es la base de la actividad de una organización política. Se mide hasta el más último detalle, nada se realiza de forma natural. Se piensa que el mejor político es aquel que cumple lo que las mentes pensantes de los partidos considerán idóneo para cada momento. No existe la naturalidad del militante, la libertad de opinión. Todo debe estar especialmente medido. Y aquellos que siguen la línea, aquellos que no se salen del camino marcado por los altos mandos, son los que se les valora de una forma más clara. Yo me he encontrado con gente con una valía impresionante, con un discurso político que a más de uno le gustaría tener, pero el liderazgo lo debe tener aquel que es amigo de los que mandan, aquel que hace más seguidismo del lider, aquel que saben las altas esferas que le pidan lo que le pidan lo va a hacer sin rechistar.
Es una pena que no pueda dar nombres. Es una pena que no pueda contar historias más concretas y, no porque no me dejen, no me deja mi propia decencia. Pero hay varios casos que podría nombrar, casos de representantes de minorías sociales que, debido a que se aprovechan de su raza, religión u orientación sexual, intentan subir peldaño a peldaño en los partidos cuya base es la igualdad. Saben que estos partidos deben tener representantes de dichas minorías en sus listas y que por tanto sus oportunidades están más abiertas a medida que explotan más su discriminación. Es triste lo que digo, pero real. Más de uno ha explotado su raza hasta la saciedad, ha estado metido en las sedes federales de los partidos hasta casi echarles los servicios de limpieza como auténticas lapas pegadas a las piedras, han conseguidos puestos en listas electorales sin haber demostrado nada, han metido a sus parejas en responsabilidades internas de partidos mintiendo, otorgándoles actos que realizaron otros... y son los más valorados. Y la culpa no la tienen ellos, la tienen aquellos que se ríen a su costa, aquellos que obtienen algún rédito por tener a inútiles pelotas en la primera línea de un partido.

Otro caso son aquellos que son pagados por los partidos sin hacer absolutamente nada. Conozco casos de gente que trabaja en algún partido que se jactan de no hacer nada, que se ríen en nuestra cara como militantes diciéndonos que ellos son pagados por tocarse los huevos, que con nuestras cuotas les ingresan las nóminas todos los meses por no saber ni realizar una carta en Word. Se valen de los militantes para sacar su trabajo adelante, se valen de los militantes para justificar su sueldo y utilizan malabares torticeros políticos para seguir manteniéndose en el pelotón. Y después sus jefes se encargan de exigirles responsabilidades ante los errores, algo que sería normal, si no fuera porque estos jefes exigen las mismas responsabilidades a aquellos que no reciben ni un duro por el partido, si no que luchan bajo su carnet de militante por unas ideas. Durante una época de mi vida recibí más ordenes y de forma maleducada por mandos intermedios y superiores de un partido político que por aquella empresa privada que me ingresa mi nómina todos los meses. Eso acaba con la paciencia de cualquiera.

Y me niego, al igual que nos deberíamos negar todos, que un pelota cualquiera presidente/a de un colectivo o asociación representativa de una minoría, se aproveche de ese hecho para conseguir réditos políticos. Los colectivos u asociaciones deben mantenerse independientes de los partidos políticos y que nadie vea por el desarrollo de su actividad una salida a su carrera profesional mediante su ingreso en la política.

Sólo podemos cambiar que los seguidistas, pelotas, inútiles, enchufados... no lleguen a la primera línea política si los militantes somos inteligentes y logramos que nadie, sea quién sea, consiga un objetivo sin haber luchado por él y, desde luego, sin que su valía le haga merecerlo. Somos los militantes los que desde dentro debemos hacer cambiar las cosas y, de diez, ocho harán seguidismo, pero dos podrán tocar suficientemente las pelotas como para cambiar poco a poco las cosas. Eso sí, ser militante supone pagar una cuota, una cuota que sirve para pagar el sueldo de ciertos ineptos... y llega un momento que la militancia no merece tanto la pena como la dignidad, y la dignidad hace que de mi bolsillo no vuelva a salir ni un euro para pagar nóminas de personas que, su única valía, es una buena falsa politicamente correcta imagen.

Desde diciembre, mi única militancia será la defensa y lucha por la igualdad, la tolerancia y la dignidad de las personas.

1 comentario:

  1. No se pueden decir las cosas más claras con menos palabras. Felicidades, Manu. Enos

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